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Hospedaje.


Este es tu sitio. Aquí sobre  mis hombros he escrito tus dos nombres.
En mis brazos, he puesto cubetas, para guardar lo que no cabe.
En la cabeza, nos he construido una casa con dos patios.
Mi espalda es el tendedero de tu ropa.
Hay una línea de metro en mis piernas.
Mis labios guardan los tuyos y es como un clóset.
Mi ojos se pelean tus marcas con mis manos.
Los oído, ahí arriba, te quieren tanto como a tu voz.
¿A dónde vas? Hospedate por siempre.
Este cuerpo te desea como inquilino infinito.


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Me gustas porque eres libre y por como agachas la cabeza para alzar la oreja. Me gustas por haberme enseñado el camino a objetos perdidos. Porque, desde entonces, he decidido  dejar mi corazón en manos de alguien más. Las tuyas, claro. Me gustas, sobre unas cuentas cosas, por llamarme aunque yo no diga nada. Me gustas porque he querido llevarte al mejor lugar, pero, ¿sabes?, el peor  es el mejor contigo. Porque te gustan mis tennis desgastados y porque apilaríamos muchos libros junto a la cama. También porque cuando patinamos, con el pretexto de que tomes mi mano,  no me doy cuenta de  nada. Hasta que nos callamos y sé que vamos muy rápido, pero tú no dices nada. Me gustas porque permaneces a mi lado aunque sepas que podemos  resbalar. ¡Oh! casi lo olvido, también porque me haces sentir muy joven...como los niños que se cuelgan de los carruseles.

Sobre manchas azules.

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